Una sonrisa habla todos los idiomas

Julie Drouin y Simon Grenier del Valle de los Grandes Huertos con Adrian, Ernesto, Hugo y Ezequiel
Julie Drouin y Simon Grenier del Valle de los Grandes Huertos con Adrian, Ernesto, Hugo y Ezequiel

Danielle Goyette

18.06.2023

Te los encuentras en la tienda de comestibles, en el centro del pueblo, en el parque o en la iglesia. Intercambiamos un tímido «Hola» y, de repente, nuestros rostros se iluminan con una sonrisa. ¡Hemos hecho contacto! Queridos trabajadores extranjeros, aquí son bienvenidos y conocerlos significa que los apreciamos aún más. Aquí están Ezequiel, Adrián, Hugo y Ernesto hablando de sí mismos, Muy amablemente!

Por Danielle Goyette

Intérprete de la entrevista: Cécile Collinge

Traduction/traducción: Valeria Condés Roveglia y Jasmin Chabot

Et l’équipe de/ y equipp del Ensemble on Sème

Pour la version française: Un sourire parle toutes les langues

Este cuarteto mexicano, que no se conocía hasta que se encontraron aquí, trabajan en los campos del Vallée des Grands Potagers con los propietarios Simon Grenier, Julie Drouin y su hija Marianne Grenier, entre otros. Ezequiel Pérez Juárez, Adrián Alberto Sánchez Magaña, Hugo Fernando Raygoza Rodríguez y Ernesto Sánchez Rangel llegaron en abril y se irán en octubre. Viven en la casa de la familia Grenier-Drouin y, gracias a una combinación de buena organización y buen entendimiento, se llevan muy bien, tanto en casa como en el campo, disfrutando de la compañía mutua y… ¡de una buena partida de cartas! Adrián y Hugo están aquí por primera vez, mientras que Ernesto y Ezequiel están en su segundo año. Para el periodo más intenso de la cosecha de fresas, otros diez mexicanos se unirán al equipo a finales de junio hasta finales de julio. Llegaron en abril para el pino « Sapinière et Pépinière Downey » en Hatley. Un proceso bien estableciodo por la UPA nos permite transferir trabajadores extranjeros de una empresa a otra.

Los seres queridos que dejaron atrás

Los cuatro trabajadores nos hablan de su vida en México… y de las personas que dejaron atrás, con el corazón encogido, pero con la esperanza de ofrecerles una vida mejor. Gracias a la aplicación WhatsApp, los cuatro hombres pueden mantenerse fácilmente en contacto con sus seres queridos y hablar con ellos todos los dias en sus tiempos libres. Los cuatro han tenido que hacer un gran esfuerzo para dejar atrás a sus seres queridos y venir a trabajar aquí. En realidad, es un esfuerzo por ambas partes de la familia. Enmascaran su tristeza con una sonrisa.

«Hablo con mi mujer dos o tres veces al día… Como más rápido a la hora de comer y así tengo más tiempo para hablar con ella, la echo mucho de menos», admite Adrián con una sonrisa teñida de tristeza. Adrián tiene una casa en la localidad de Insurgentes, en el estado de Baja California. Cuando está en México, ven a sus tres hijos, de 14, 12 y 10 años de su anterior matrimonio, lo más a menudo posible.

En cuanto a Ezequiel, lleva 14 años casado y la pareja tiene dos hijas de 13 y 7 años y un hijo de 5 años. «Mis padres viven en una casita en el mismo terreno que nosotros, en el pueblo de Comalteco d’Espinal, en el estado de Veracruz, que tiene unos 900 habitantes. Esta tierra pertenece a mi padre. Aquí cultivamos diversas frutas: naranjas, limas, plátanos, guayabas y guanabanas», explica el mexicano.

Para Hugo, tener su propia casa también es importante. Desde hace cinco años vive allí, en unión de hecho con su pareja desde hace diez años, en las tierras de su abuelo. «Mi abuelo tiene tres hectáreas de tierra en los alrededores de Tepic, la capital de Nayarit. Tenemos dos casas no muy lejos la una de la otra».

Ernesto, que también posee una casa, lleva diez años casado con la madre de sus tres hijas, de 9, 7 y 6 años. «Vivimos no muy lejos de la casa de mi padre, en el campo, en los alrededores del pueblo de Acámbaro, en el estado de Guanajuato. En nuestras tierras cultivamos guayabas, plátanos, piñas y moras».

Varios años por delante

En México, Ernesto es albañil, Hugo es soldador y trabaja cultivando caña de azúcar, en la tierra de su abuelo mientras que Adrián y Ezequiel trabajan tanto de albañiles como en el campo.

Ezequiel, Hugo y Ernesto coinciden en que esperan poder volver a Quebec dentro de cinco o diez años, o incluso otros quince, para trabajar y ganar una buena suma de dinero. A Adrián, en cambio, le gustaría encontrar cuanto antes un trabajo mejor en México. «Echo mucho de menos a mi mujer y a mi familia y espero no tener que volver, aunque aquí me reciban bien.

«En lo personal, me gustaría poder venir otros siete u ocho años, porque tengo un proyecto de vida que me gustaría cumplir después en México. Tengo dos terrenos que me gustaria aprovechar para construir otras casas o locales», dice Hugo.

TV, juegos de cartas y organización de tareas

En su tiempo libre, los cuatro mexicanos ven películas en francés o inglés con subtítulos, pasan tiempo en Internet, hablan con amigos y familiares y juegan a las cartas con la familia Grenier-Drouin. «También me gusta ir a jugar al baloncesto al Récré-O-Parc y dar paseos en bicicleta cuando tengo un momento», explica Hugo. Ernesto añade: «Me gusta jugar a las cartas, a los dardos y a las herraduras. «También aprovechamos estos ratos para preparar la comida para los otros días de la semana», añade Adrián. Y Ezequiel anàde: «¡También aprovechamos para lavar toda la ropa!

«Nuestros jefes nos hacen sentir como en casa. Si necesitamos algo, nos ayudan a conseguirlo. El trabajo también va muy bien en el campo, nos llevamos bien y compartimos las tareas», confiesa Ezequiel.

Los cuatro trabajadores y la familia Grenier-Drouin han elaborado un horario de trabajo que les permite compartir la cocina, el baño y el uso de la lavadora. «De hecho, funciona bien, ya que cada uno se preocupa de cumplir con sus tareas. Hemos añadido un calentador de agua adicional para asegurarnos de que no nos quedamos sin agua caliente, ¡y todo va bien! La comunicación es muy buena entre todos. ¡Hablamos franglaigñol, una mezcla de francés, inglés, español y lenguaje gestual. Puedo decir que hay mucha vida en nuestra casa y muchas risas», dice Julie Drouin con una sonrisa.

¡Falta picante en Quebec!

Cuando les preguntamos a los cuatro qué es lo que más echan de menos de su país, aparte de sus familias, por supuesto, todos estallan en carcajadas y responden al unísono: «¡El picante!».

«¡Ni siquiera el pimiento fuerte es picante! Los chiles que a ustedes les parecen extremadamente picantes, para nosotros apenas lo son», añaden.

¿Hay algo que les guste especialmente de Quebec? Los cuatro responden entre risas: «¡La pizza!

Y Hugo añade: «¡ Me gusta mucho el frio! Acomparacion de méxico el frio y el calor es diferente, pero el clima aquí en Canada es muy bueno. ¡ En mayo he mirado un poco de nieve, era la primera vez que yo la miraba!»


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